Por: Lía Vera, directora de ASIMPRES y gerente de negocios EDIPAC-CMPC

Por años, Chile ha avanzado de manera decidida hacia una economía circular. Las industrias han realizado grandes inversiones, desarrollado innovaciones relevantes y transformado sus procesos para reducir el impacto ambiental de sus productos. En ese camino, la discusión en torno a la Ley de Plásticos de Un Solo Uso ha sido clave. Pero también ha dejado lecciones importantes.

La reciente modificación introducida por la Ley N° 21.794 marca un punto de inflexión. Al permitir nuevamente el uso de productos de un solo uso elaborados con materiales reciclables, reutilizables y biodegradables —como el papel, cartulinas y cartones certificados—, se corrige una de las principales tensiones de la normativa original confirmando la necesidad de su uso en las distintas industrias.

Este ajuste es el reconocimiento de que la sostenibilidad no puede abordarse desde soluciones generalistas sino desde evidencia, trazabilidad y análisis de ciclo de vida.

Una regulación que debe mirar el impacto completo

Uno de los principales aprendizajes es que no todos los productos de un solo uso son iguales. Materiales como los papeles y cartulina a base de celulosa, papeles reciclados o los materiales biobasados han sido desarrollados precisamente para reducir la huella ambiental. Sin embargo, la regulación original los incluía dentro de la misma categoría restrictiva.

Hoy sabemos que reemplazar estos materiales por alternativas reutilizables no siempre genera un menor impacto. En muchos casos, implica mayores consumos de agua y energía, especialmente en contextos de estrés hídrico como el de Chile. La sostenibilidad exige mirar el sistema completo, no solo el residuo final.

El desafío de no frenar la innovación

En los últimos años, el ecosistema de envases ha evolucionado de manera significativa. Nuevos materiales, tecnologías y soluciones han permitido reemplazar plásticos tradicionales por alternativas más sostenibles.

Pero cuando la regulación no distingue entre materialidades, el riesgo es evidente: desincentivar la innovación. La nueva ley avanza en la dirección correcta al reconocer materiales certificados biodegradables, pero el desafío ahora es consolidar un marco que promueva este desarrollo.

Hacia una economía circular con sentido

La discusión sobre los plásticos de un solo uso no es solo ambiental, es también económica, social y tecnológica.

El desafío es avanzar hacia soluciones que sean efectivamente más sustentables, medibles y trazables. Eso implica fomentar materiales certificados, fortalecer sistemas de valorización de residuos y educar a los consumidores.

La modificación legal reciente abre una oportunidad: pasar de una lógica restrictiva a una lógica inteligente. Una que reconozca la innovación, promueva la evidencia y alinee los incentivos correctos.

Porque la sostenibilidad real no se construye con eslóganes, sino con buenas decisiones.

Fuente: ASIMPRES